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miércoles, 18 de mayo de 2016

120 años con Santa Rita.

Se cumplen estos días 120 años desde que las fiestas de Sta. Rita en Arriondas se iniciasen en 1896. Su gestación fue paralela a la donación de terrenos para la construcción de la nueva iglesia que -desde la ciudad de Cienfuegos, en Cuba- hizo don Vicente Fernández (“Caravera”) a finales de 1895. Con don Lino Rubio -el cura de la parroquia cuya iglesia estaba en San Martín de Cuadroveña desde muchos siglos antes- habló una comisión de vecinos, entre ellos don Manuel Miyares y don Juan Cueto Llano, devotos de la santa de Casia, y la celebración se puso en marcha.

Durante los primeros ocho años la fiesta religiosa fue en la antigua iglesia, junto al cementerio, hasta inaugurarse la actual en la villa, en mayo de 1905. La primera imagen de la santa italiana fue donada por doña Rita Fernández y se conservó hasta septiembre de 1936, cuando fue destruida -junto las demás imágenes y retablos- en los años de la Guerra Civil. La nueva imagen de Sta. Rita llegó para su fiesta de 1940, donada por doña Elisa Díaz (del chalet Villa María, de Arriondas); la adquirió en Madrid y procede de los conocidos talleres “Arte Cristiano” de Olot (Gerona); es la que seguimos venerando cada 22 de mayo y acaba de ser restaurada de forma desinteresada por manos del parragués Rafael Sierra González. De modo que la considerada por sus devotos como abogada de “casos imposibles” vino a ocupar un lugar destacado entre las celebraciones parraguesas, superando por su antigüedad en cincuenta y tres años a la Fiesta del Bollu y en treinta y cuatro al primer Descenso del Sella. Cierto es que la fiesta del Carmen en Arriondas (y antes en Cuadroveña) supera a todas las demás en años de celebración, llevando con ella asociada la fiesta Sacramental dos días después, puesto que se celebró cada 18 de julio durante varios siglos. Hubo otra fiesta -desaparecida hace 127 años- que tenía lugar cada 7 de octubre en honor a la Virgen del Rosario; la documentación que se conserva está fechada entre 1760 y 1889 y detalla, año por año, los nombres de los cofrades y los gastos que se hacían para pagar a los curas, misa, procesión, pitanza, ramos de pan, voladores, gaiteros, etc. 

Romería de Santa Rita en Arriondas 1915

Arriondas se dispone, un año más, a festejar a la que en 1381 fue bautizada como Margarita y acabó siendo sólo Rita por la costumbre familiar de abreviar los nombres (una aféresis gramatical), de forma que las dos sílabas finales de su nombre real acabaron siendo su nombre propio y el de no pocas mujeres. 


 Fran Rozada

sábado, 7 de noviembre de 2015

Rituales funerarios en Asturias.


El cemeterio de Arriondas en 1967

Son los primeros días de noviembre fechas apropiadas para hablar de estos temas. Aunque se mantienen a lo largo de nuestra comunidad los rituales, conceptos, prácticas y creencias relativos a la visión que tenemos de la muerte, muchas cosas han comenzado a cambiar en los últimos años. 

Buena parte de la población ha dejado de tener unas firmes creencias religiosas, pero mantienen los rituales religiosos tradicionales; bien es cierto que hay algunos casos en los que esos momentos delicados en la vida de las familias, son despojados de un sentido trascendente y religioso. 

Hasta ahora son casos no significativos, pero la familia del difunto es consecuente con una forma de sentir y no entra en considerar aquello de que “para no ser menos que los demás” sigamos la costumbre. Y, no digamos, si cumplen los deseos del finado, algo que debiera ser poco menos que sagrado pero que -a veces- se manipula en el último momento. Bien es cierto que no han conseguido arraigar en la sociedad prácticas alternativas a los ritos religiosos, al menos de una forma estándar. 

En el pasado y, muy especialmente en las zonas rurales, la muerte de un vecino se vivía como una situación que afectaba a toda la colectividad; eso ha dado paso a un sentimiento más individual, menos social. Hasta no hace tantos años, el no acudir a la casa del finado a dar el pésame era una desconsideración difícil de aceptar y muy mal se llevaba que la familia decidiese no recibir en su domicilio ni a los más cercanos, considerándolo un agravio en toda regla. 

El cementerio de Arriondas en 1967
Hoy se piensa que, para recibir a los muchos que acudan a manifestarles el pésame, lo más normal es llevar al difunto a un tanatorio, más cómodo, moderno, funcional, sencillo y eficaz. Aquellos “velorios” del pasado -de los que tanto se podría escribir- ya sólo quedan en la memoria de nuestros mayores. Las instalaciones de los tanatorios están pensadas para conseguir un ambiente relajado que propicie y arrope la nueva visión que tenemos de la muerte, lejos de aquellos manifiestos sentimientos que más parecían propios de una tragedia griega. 

Del griego sólo nos quedó la palabra tanatorio, pues Tánatos era el dios personificación de la muerte suave, tranquila; era el hermano gemelo de Hipnos, el sueño. Tánatos era la pulsión de la muerte, opuesto a Eros, pulsión de vida. Por cierto que tanatorio es palabra usada mayoritariamente en España, pues en los países latinoamericanos recibe el nombre de casa funeraria o velatorio (como en Argentina llaman cochería a la funeraria, empresa propiamente dicha). 
El cementerio en 1967

Los tanatorios están plenamente integrados en los comportamientos posteriores a la muerte en Asturias, y las empresas que los gestionan son cuidadosas en lograr un ambiente apropiado que arrope esa nueva visión que los tiempos nos han proporcionado para esas horas que siguen a un momento tan emotivo. Es evidente que algunas personas -especialmente las de origen rural- se mostraron un tanto remisas a admitir esta novedad de los tanatorios en el rito del paso definitivo que supone transitar obligatoriamente de la vida a la muerte; era algo así como mostrar una falta de cariño y respeto al ser querido que los dejaba, como si la comodidad de dejar en manos ajenas la organización de este acto les supusiese una mala conciencia. 

Hoy en día ya casi es inconcebible no acudir a estos servicios que ofrecen los tanatorios y las suspicacias -como en tantos otros casos novedosos en la vida- han quedado superadas. Otro tanto diríamos de las incineraciones, actualmente tan aceptadas. Doscientos crematorios en España dan idea de la acogida de este sistema, y el promedio en nuestro país ya es del 35%, aunque hay ciudades donde se alcanza el 65% de cremaciones. Lo que no hace tiempo se consideraba casi un sacrilegio, o algo exótico más propio de países como India, es hoy un hecho incontestable. 

Cambios culturales de mentalidad, razones ecológicas, falta de espacio, crisis económica y otros, nos llevan a esta nueva solución, no ya de futuro, sino de rabiosa actualidad. No son pocas las familias que, llegada la hora de la decisión sobre estos temas, titubean sobre qué hacer, pues aún no hay un patrón fijo de actuación. Si un rito es aquello que se ejerce de forma sistemática, siguiendo unas pautas de orden temporal y duración específica, habrá que esperar a que el tiempo nos las haga ver como tradicionales, estandarizadas y consolidadas.
El cementerio en la actualidad.
Francisco José Rozada Martínez.

viernes, 22 de mayo de 2015

Aproposito de Santa Rita.

Procesión Santa Rita 1907

Aunque San Martín es el único patrono y titular de nuestra parroquia desde hace más de seis siglos, Santa Rita es muy querida y celebrada desde hace 119 años. Siempre repetimos esto, para recordar a posibles despistados que Santa Rita no es la patrona, ni siquiera copatrona de la parroquia. Su misa y procesión en Arriondas siempre estuvieron muy concurridas, tanto por la asistencia de los propios vecinos como de devotos que acuden de otros lugares de nuestra comunidad. Después de 35 años sin procesión por las calles de la villa (como ya comenté en este semanario el pasado día 1 de abril), la Asociación de Profesionales del Comercio de Arriondas, en colaboración con el Ayuntamiento de la villa y de acuerdo con el vicario local, ha vuelto a recuperar esta tradición de cara al próximo viernes, día de esta santa italiana y fiesta local.

Procesion  Santa Rita 1952
Costumbre muy arraigada es el acudir con rosas y -después de ser bendecidas- volver a llevarlas a los hogares. Cuando el concejo tenía más vida rural, la feria de ganado en Arriondas por Santa Rita era importante, al igual que sus romerías y verbenas, incluida la correspondiente hoguera. El sentido de parroquia se mantiene en el tiempo, como una unidad en el espacio que tiene su centro en la iglesia. No deja de ser una entidad básica a efectos rituales, y en su entorno se celebraban las actividades religiosas y festivas. Antes se entendía la parroquia también como una unidad administrativa y política, y -por ello- se siguen manteniendo los alcaldes pedáneos, cuya figura a veces no valoramos como se merece. Las parroquias son, sin duda, entidades fundamentales en la configuración espacial de los asturianos. Cierto que su origen está en una división de tipo eclesiástico, pero hace mucho que ha sobrepasado ese tipo de organización. 
Procesión Santa Rita 1953
Hay muchos siglos de historia acumulados sobre la red de parroquias a lo largo de este viejo principado. Aquellas asambleas de vecinos o conceyos abiertos se regían por sus propias ordenanzas parroquiales, ejemplos de democracia directa. La dicotomía entre pueblo y parroquia dio lugar a confusiones, más terminológicas que reales. En nuestras parroquias perviven a través de los tiempos, a pesar de los cambios de culturas, ciertas tradiciones y costumbres, algo más que evidentes en cuanto a los cultos religiosos que, a pesar de sus innovaciones, persisten en su forma externa de manifestarse.
Procesión Santa Rita 1962
Tal cosa ocurre en el caso de las procesiones, ese cortejo solemne tan difundido desde las religiones paganas hasta el cristianismo. En España el mayor apogeo de la liturgia procesional tuvo lugar durante la Edad Media, subsistiendo actualmente y conservando todavía todo su valor en 
decenas de miles de pueblos y ciudades, como la procesión que esta semana se pretende rescatar para las calles de Arriondas. Desear desde estas líneas, por último, que este acto litúrgico se reanude con el mayor de los éxitos y así se vuelva a recuperar una tradición.

Francisco José Rozada Martínez

domingo, 10 de mayo de 2015

Hermógenes de Cofiño y Covadonga (1828-1904)

Hermógenes Fernández Cabal
Don Hermógenes Fernández Cabal nació en Cofiño el 28 de diciembre de 1828, hijo de Bernardo y de Francisca. Fueron sus padrinos don Diego del Cueto Santos y doña María del Socorro Cantillo (la cual era 
hermana de don Ignacio, párroco de Cofiño en aquel momento).

De profesión molinero, trabajó en su tierra atendiendo ese tan habitual artilugio hidráulico asturiano, pues ríos y regatos abundan por doquier en esta lluviosa región. Molinos siempre viejos, como reliquias de un pasado que no volverá. Cuando le preguntas por la antigüedad de su molino a alguno de los poquísimos molineros que quedan, suele responder siempre algo así como: “Tien munchísimos años, e muy, pero que muy vieyu, porque equí molieron mio padre y mio güelu, y paezmi que también el so padre”. De modo que la principal dedicación de Hermógenes estaba entre maíz, moliendas, tremolias, molares, pines, cabries, rodetes y presas (por citar algunos elementos imprescindibles en los molinos). Parres contaba con más de 70 molinos hace menos de cincuenta años. 

1945 Construcción de capilla y nuevo piso.

Cada atardecer, Hermógenes merendaba un pan de picos y un vaso de vino en “Casa de Tomasín”, por los que abonaba una “perrona” y -con sus escarpinos y madreñes- recorría los caminos de la falda del Sueve donde Cofiñu (confinium=límite, confín) está a 391 metros sobre el nivel del mar.

De promesa en Covadonga...

Además de molinero, Hermógenes tenía una habilidad especial para la talla en madera y en piedra. Quedan por el concejo aleros, cornisas, arcos de piedra labrada y otros que salieron de sus manos.



1938 obras en la cueva.




 Su partida de defunción, redactada hace casi ciento once años, dice literalmente así:

“En el cementerio de la iglesia parroquial de San Miguel de Cofiño, concejo y arciprestazgo de Parres, provincia y diócesis de Oviedo, a veintitrés días del mes de agosto de mil novecientos cuatro, yo Juan Alvarez, Cura Párroco de ella, di sepultura eclesiástica al cadáver de D. Hermógenes Fernández Cabal, que falleció el día veintiuno a las tres de la tarde en este pueblo y parroquia de Cofiño, de donde era natural y vecino; era hijo legítimo de D. Bernardo y Dña. Francisca, también de ésta; estaba casado con Dña. Carlota de la Fuente, con quien tuvo seis hijos, a saber: Dña. Eudosia, difunta, pero con legítima sucesión, D. Pascual, Emilia y Eduardo, casados y D. Alejandro y Luis, solteros;  recibió todos los Santos Sacramentos, se funeró con derecho a funeral mayor, falleció a causa de debilidad de corazón a la edad de setenta y seis años. A pesar de no saber dibujo y no haber tenido maestros, era un tallista de primera, deja memoria de muchas iglesias, en el retablo mayor de la Santa Iglesia Catedral de Oviedo, restaurado por Sanz y Forés y en la Capilla de la Cueva de Covadonga. En esta iglesia deja el baptisterio, los confesonarios, el arco de piedra de grano que está sobre el sepulcro de D. Luis y otras de menor importancia.

Partida de defunción de Hermógenes Fernández

Estaba condecorado con la Cruz de Isabel la Católica por un atril y una Cruz de la Victoria, que hizo de madera de tejo, restos del templo llamado del milagro, que se quemó en Covadonga y que le encargó Alfonso XII y concluyó en tiempos de Alfonso XIII a quien lo entregó en mano en la visita que hizo al Santuario, y para que conste lo firmo, fecha ut supra”. Firma el licenciado Juan Álvarez. 

En algún lugar hemos leído que don Hermógenes habría tallado el apostolado del camarín de Frassinelli de la cueva, pero no está fehacientemente demostrado.

En 1874, con la colaboración de don Máximo de la Vega y don Roberto Frassinelli, se comenzó la construcción de un templo abierto en la cueva de Covadonga, sin variar el lugar del altar, con una balaustrada de protección y con la capilla dispuesta en un extremo de la cueva. Para este camarín, se utilizó madera tallada y polícroma, evocando al original, con unas almenas de coronación exterior que la dotaban de cierto aspecto militar, cubierto en su interior por escayola y pan de oro. Como complemento, se acometieron las obras de construcción de la escalinata de piedra y se colocó la pila de la emblemática “Fuente del Matrimonio”. Sin embargo, las críticas a esta intervención, que afectaban fundamentalmente al camarín, tachándolo de atildado y pulido, con exceso de oro en su interior y exterior impropio de la grandeza de la peña, ya comenzaron poco tiempo después de su culminación, reflejados en el duro informe que realizó sobre él la Real Academia de la Historia en 1928. La Santa Cueva de Covadonga sufrió durante la Guerra Civil el saqueo de algunos de sus tesoros, así como el deterioro de sus pavimentos y balaustrada. 


Del mismo modo, los refugios o abrigos que se hicieron en este lugar provocaron grietas y hundimientos de determinada zonas de la peña. Usando como pretexto la necesidad de proteger las construcciones del interior de la cueva, se realizó el desmonte de la capilla construida por Frassinelli, lo que supuso una estrategia que permitió la posterior transformación del lugar. De hecho, el arquitecto encargado de llevar a cabo las obras, Luis Menéndez-Pidal, juzgó la iniciativa de “afortunada”, ya que facilitaba la eliminación del antiguo camarín. Se proyectó una reconstrucción de conjunto, que englobaba el aspecto fundamental, la iglesia de la cueva, y sus elementos circundantes. Respecto a la iglesia se tuvieron en cuenta tres factores: el motivo del culto, la importancia y aspecto del mismo, así como las circunstancias locales. El motivo del culto, la imagen de Nuestra Señora de Covadonga, implicaba su instalación en grado máximo de amplitud y visibilidad; tal como la vemos hoy, no dentro de la capilla que fue dedicada a sacristía.

Vista general a comienzos del SXX



Francisco José Rozada Martínez
3 de mayo de 2015















martes, 10 de febrero de 2015

Agasajos en el Monasterio de Villanueva




Monjer benedictinos.
El viejo cenobio cangués celebra este próximo día 21 de febrero de 2015, el 1.269 aniversario de su fundación por el rey don Alfonso I el Católico y su esposa doña Ermesinda. Una tradición siempre envuelta en dudas y nebulosas históricas de variado tipo. Desde el año 746 acá han ocurrido demasiados sucesos relacionados con la fundación, vida y aconteceres del monasterio benedictino de San Pedro.

Pila Bautismal de San Pedro de Villanueva
Detengámonos hoy en los personajes y peregrinos que hacían un alto en Villanueva de camino hacia Covadonga. El 23 de mayo de 1616 (un mes después del fallecimiento de Miguel de Cervantes y de Shakespeare) el Nuncio y legado del Papa Paulo V concedió una canonjía en Covadonga a un sacerdote de Valladolid, pero como tardó en presentarse para tomar posesión del beneficio otorgado, cuando llegó ya había ocupado el cargo el cura de Villanueva Paulo González de la Cuesta, mientras los fieles de Villanueva eran atendidos por el prior de Covadonga, don Gonzalo de Villarroel. La concordia entre ambos curas está documentada en el archivo de Villanueva, pero extrañamente el documento no se registró en el de Covadonga. Así se puede leer: “Paulo González, canónigo de Covadonga, paga 36 ducados por la mitad del beneficio que lleva destaCassa en Santa María de Villanueva que se entiende la mitad de todos los diezmos de pan y recilla y compango, excepto las bollas y oficios”. En el mismo libro de 1616 se anota: “Gonzalo de Villarroel, Prior de Covadonga, paga 96 reales por la mitad de las bollas y oficios de Santa María de Villanueva”. Se habla de Santa María de Villanueva como parroquia, no de San Pedro como titular del monasterio. La pobreza de Covadonga era mayor que la de Villanueva y, así, en 1591 se anota que se entregaban dos celemines de escanda al abad de Covadonga, como limosna. Muchos eran por otra parte los gastos que originaban los huéspedes que pasaban por el monasterio y después visitaban Covadonga. En 1684 el General de la Orden Benedictina estuvo en el lugar y entre él, los criados y demás que le acompañaron, figuran gastos de trece reales en comida y vino, más otros dos reales para las mujeres que llevaron la comida a Covadonga. Al año siguiente el monasterio abonó treinta y tres reales por diez libras de diferentes dulces para agasajar a don Gregorio Cisneros, el gobernador, con su familia y otros caballeros. Además se abonaron diez reales por una caja de hoja de azahar confitada; veintiún reales por dos cajas de conservas; seis libras de chocolate supusieron cuarenta y ocho reales, otros cincuenta y tres por una arroba de azúcar. Por el “cortexo” (agasajo) que se le hizo en Cangas al citado gobernador gastaron cuatro reales más. En cuanto al libro de registros de bodega quedó anotado que -entre las misas y el gobernador Cisneros que estuvo en el monasterio con otra mucha gente- se gastaron catorce cántaras y media. A las criadas del prior de Covadonga les pagaron los monjes en 1686 cinco reales, por dar de comer en su casa al abad de Celorio y al prior de Nava, además de seis “quartos” a diferentes pobres en la iglesia de Covadonga; más otros dos reales al criado del cura de San Martín que dejó dos caballerías para subir a Covadonga.

El monasterio en el S XIX
Así van pasando años y anotaciones de gastos ocasionados por el abad de Oviedo y el definidor de Cornellana; para pagar a testigos de los varios pleitos que mantenían con vecinos, linderos y otros curas; a los mozos que iban a Oviedo  a llevar y traer cartas; a los músicos de Covadonga para celebrar San Benito en el monasterio o a los mozos de cocina que debían desplazarse con algunos invitados. A veces las comitivas eran amplias como en el caso del Fiscal de la Audiencia de Oviedo que -entre el 14 y el 20 de septiembre de 1777- junto con su “madama, hija, doncella, señor lectoral, señor capellán, un agente fiscal, cuatro mozos, siete caballerías y ponerles comida en la venta de Sotiello y cena y comida en Covadonga, se gastaron novecientos setenta y seis reales”.

Claustro del monasterio
Ya la semana anterior los monjes le habían pagado veinte reales al que les avisó de que venía el fiscal. Ese mes fue movido en Villanueva porque, seguidamente, -entre los días 21 al 28-  se hospedó el Regente de la Audiencia de Oviedo que llegó con una comitiva similar al fiscal, a saber: “Madama, doncella, capellán, un dominico, un paje, un lacayo, cuatro mozos y nueve caballerías. Ponerles cena en Zereceda (sic) en Covadonga y cuando salió de aquí…todo seiscientos treinta y dos reales”. Gastos que, a veces, se veían obligados a abonar en especie, como cuando -en 1712- lo tuvieron que hacer con terrenos que tenían en La Riera de Covadonga. Como vemos, no estuvieron para las fiestas de la Virgen de Covadonga, los días 8 y 9 de septiembre. Todo indica que esta coincidencia de visitas fue con motivo del fallo del pleito del río a favor del monasterio. Tanto el fiscal como el regente fueron de los últimos visitantes del santuario antes del incendio que destruyó todo lo que había en la cueva apenas un mes más tarde, el 17 de octubre de aquel año 1777.

¿Qué compraban los monjes para los agasajos o “cortexos”? Veamos algunos ejemplos tal y como quedaron anotados en los libros de cuentas:

Hojas de azahar confitada, dulces secos, anises, bizcochos, chocolate, salmones, truchas, lampreas, anguilas, congrios, pollos, terneros, manteca fresca, peradas y otros.

El monasterio hacia 1945
                 

jueves, 8 de enero de 2015

Lo que el banco de alimentos y cáritas reparte.





Cáritas Internacional es una organización humanitaria que agrupa a más de un centenar de organizaciones nacionales de asistencia, desarrollo y servicio social. Fundada en Alemania en 1867, tiene como base la ayuda a personas con pocos recursos o con riesgo de exclusión social, además de combatir contra la pobreza, también lo hace contra la intolerancia y la discriminación.

Su financiación proviene de donaciones -tanto en dinero como en especie- públicas o privadas, bien procedentes de los socios permanentes, donantes anónimos, instituciones, colectas, etc. El ayuntamiento de Parres ha incrementado su aportación en un 50%, pues de los 2.000 euros de años anteriores pasó a entregar 3.000 euros en el último ejercicio.

Veamos algunos ejemplos: En los registros de hace más de cincuenta años, exactamente entre 1956 y 1961, Cáritas repartió en Arriondas 7.326 kilos de leche en polvo; 3.818 kg. de queso y mantequilla; 2.879 kg. de harina de maíz; 1.840 de sopa; 846 kg. de harina de trigo; 322 kg. de alubias, 46 colchones, mantas, ropas, medicinas, etc. Todo ello por valor superior a medio millón de pts. de las de hace medio siglo.

En aquel momento la llamada “Ayuda Americana” fue de 464.200 pts. La parroquia aportó 81.271 pts. y el reparto de 59.608 litros de leche.

Las “campañas de caridad”, como las denominaba el párroco don Manuel Riera Prida, contribuían con unas cantidades de dinero aceptables.

Así vemos que -en el minucioso libro de registro de cuentas de dicho párroco-, en la sección de Cáritas, aparece anotado el día 4 de enero de 1977: “Entregué a la delegada, la cantidad de 17.500 pts. de la Campaña de Caridad”. Entre los nombres propios que están registrados, aparecen casos y circunstancias muy similares a las de algunos que hoy se ven también en la obligación de acudir a estos servicios.

En las anotaciones de un día cualquiera de aquellos años podemos leer:

A un pobre de Berbes………………………………………………… 100 pts.
Una estufa y la instalación…………………………………………....…1.700 pts.
A un enfermo mental…………………………………………………... 400 pts.
A (…..) para Uralita…………………………………………….......… 400 pts.
A (…..) para operar a una “cría” en Valdecilla……………………...….. 300 pts.
A un transeúnte de Cuéllar………………………………………….…. 150 pts.
Una manta…………………………………………………………….. 350 pts.
A una mujer de Infiesto……………………………………….……….. 100 pts.
A un obrero con hambre……………………………………..……...… 200 pts.
Para el asilo………………………………………………………........ 1.000 pts.
A un anciano……………………………………………………….….. 100 pts.
Medicinas para (…..)…………………………………………….....…. 400 pts.

¿Han cambiado las cosas en estos años? En muchos aspectos sí. Aunque el perfil de los beneficiarios sigue teniendo matices bastante similares al de los de hace cinco décadas.



Dos mil años después de pronunciada en Betania, -en el camino de Jerusalén a Jericó-, sigue escuchándose el eco de aquella voz que dijo: “Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis”.

Actualmente, Cáritas-Arriondas distribuye las toneladas de alimentos que recibe del: “Plan 2014 de ayuda alimentaria a las personas más necesitadas de la Unión Europea”. Se trata de una colaboración con el llamado “Banco Europeo de Alimentos”, con el fin de ayudarlos en la distribución de los mismos, puesto que no es una misión específica de Cáritas como organización.

Por supuesto que todos los alimentos son gratuitos y de primeras marcas, las mismas que tenemos en los supermercados.

Cada  seis semanas, más o menos, unas ciento treinta y seis cabezas de familia  acuden a recoger alimentos y, en total, se benefician de ellos un promedio de 428 personas.

¿Qué se les exige? Aportar el certificado de empadronamiento que deben solicitar en el ayuntamiento, así como un informe de la asistente social del mismo. De forma confidencial aportan los datos sobre sus circunstancias personales, ingresos, etc. que deberá ser inferior a 460 euros por persona.

¿Qué alimentos y en qué cantidad se les entregan? Pues depende del número de miembros que compongan la familia.

Veamos un ejemplo promedio de un grupo familiar compuesto por cinco personas. En el reparto de los próximos lunes y martes, días 22 y 23 mes recibirán:

1 kgr. de azúcar.
4 kgs. de arroz.
1 paquete de café.
5 chorizos.
1 tableta de turrón duro “El Almendro”.
1 tableta de turrón blando “El Almendro”.
1 tableta de turrón de chocolate.
2 bolsas de polvorones.
10 litros de leche “CLAS”.
4 paquetes de macarrones.
1 litro de aceite.
2 kilos de lentejas.
2 kilos de garbanzos.
2 botes de judías.
2 cajas de quesitos.
2 latas de atún.
3 cajas de galletas.
1 caja de pastas “Campoamor”.
1 botella de sidra “El Gaitero”.
4 botes de tomate.

En ocasiones aparecen transeúntes a los que se les da un vale para comida, o personas con graves necesidades económicas que no pueden hacer frente a pagos puntuales como la luz, el agua, el gas, la renta y -dentro de lo posible- se les ayuda.

El llamado “ropero” abre sus puertas la tarde de los jueves, y distribuye las prendas que recibe después de haberlas revisado, catalogado y planchado -cuando es preciso-.

Ropa de vestir en buen estado, calzado, ropa de cama, etc. llega a dicha sala en notables cantidades. Todo ello proviene de personas donantes tanto de Arriondas como de resto del concejo.

Lo mismo ocurre con los juguetes que la gente, asociaciones, etc. entrega para tal fin, muchos prácticamente sin estrenar. Se van acumulando y, en vísperas de Reyes, se entregan a los menores de edad, hijos de los beneficiarios habituales.

El reparto se hace siempre en los salones parroquiales. Para ello acuden dos tardes seguidas, en horario de 15,30 a 18,30, previa recogida de un número por orden de llegada, con el fin de que la entrega sea lo más organizada posible. De forma que yo mismo voy hasta tres horas antes para dar número a las personas que acudan a solicitarlo, de forma que no se acumulen muchos a la hora de apertura, sino que vayan acudiendo
paulatinamente según el número y la hora que se les asignó.

Este año se me ha ocurrido darles también una tarjeta de felicitación navideña a cada uno de los 136 cabezas de familia que acudan a recoger alimentos. Las tarjetas las he personalizado en el sentido de que -por ejemplo- para los beneficiarios de origen rumano  o árabe sus tarjetas llevan mensajes de deseos de salud y felicidad escritos en lengua rumana o en lengua árabe, respectivamente.

Un reducido y voluntarioso grupo de 10 personas colaboradores hacemos posible que esta organización social y humanitaria siga su labor sin desmayo.

No miran el color, la religión, ni el grupo al que pertenece el beneficiario, sino que tienen ante ellos un ser humano que solicita ayuda. Lo demás es accesorio, nimio, carece de importancia.

Porque la caridad adquiere el rostro del esfuerzo continuado, intentado poner su grano de arena en el cambio de las estructuras injustas.





Francisco José Rozada Martínez.

sábado, 3 de enero de 2015

Parres y el banco de alimentos.

(Casi el 7% de la población del concejo recibe ayuda alimentaria)

La Fundación Banco de Alimentos de Asturias es una organización sin ánimo de lucro gestionada por personas voluntarias, que tiene como objetivo principal la lucha contra el despilfarro de alimentos y su destino a personas sin recursos. Gestiona los excedentes alimentarios del Fondo Social de la Unión Europea, así como muchos otros procedentes de donaciones de industrias, asociaciones, instituciones, socios particulares, etc.




El Banco almacena los alimentos durante breve tiempo y los distribuye con un margen de varios meses dentro del plazo de consumo preferente. Lleva seis proyectos diferentes de intervención tales como la colaboración con entidades benéficas, sociales o asistenciales; el de menores con riesgo de exclusión social; cajas de emergencia social y otros.

Este tipo de organización comenzó sus pasos en Estados Unidos en los años 60 del siglo pasado y la idea llegó a Europa en 1984. España cuenta con 52 Bancos de Alimentos, pues hay varias Comunidades Autónomas con más de uno. En Asturias inició su labor en 1998 recogiendo 30.000 kilos que destinó a 42 centros intermediarios de reparto, llegando en el año 2012 a recoger casi 1.500.000 kilos que destinó a 152 centros con casi 25.000 beneficiarios.

En Parres colabora de forma muy destacada llegando a 136 familias del concejo, lo cual supone un colectivo de unas 428 personas. Esto viene a indicarnos que casi el 7% de la población recibe ayuda alimentaria cada 50 días aproximadamente. Los receptores tienen que justificar previa y documentalmente -incluso bajo declaración jurada- todos sus ingresos, gastos detallados y percepción de salario -cuando lo tienen-; además de estar censados en Parres. Así, una persona que sólo perciba ingresos justificados por menos de 641 euros al mes, (que serán 817 € si son dos miembros en la familia, 930 € en el caso de que sean tres, 1.170 € para cuatro o 1.346 para cinco miembros) tendría derecho a recibir ayuda.


Diez parragueses colaboradores voluntarios trabajan desinteresadamente en la recepción, reparto y distribución de alimentos a través de la entidad benéfica Cáritas de Arriondas, la cual abona los gastos del transporte de los alimentos desde el Banco, en Oviedo, suple algunas carencias dentro de sus posibilidades y pone al servicio del Banco sus locales en la parroquia de la villa.

No se piense que la mayoría de receptores son inmigrantes. En los siete repartos de este año 2014 hemos constatado que el 63% de beneficiarios son ciudadanos españoles y el 37% restante son inmigrantes, en ambos casos censados en Parres. A buen seguro que en los próximos repartos de los días 22 y 23 de diciembre y seguirá aumentado el número de necesitados.

Terminamos señalando que ese casi 7% de parragueses con necesidades especiales de ayuda es un tanto por ciento similar al de otros concejos asturianos.



Francisco José Rozada Martínez

martes, 11 de noviembre de 2014

La importancia de la Parroquia de Santa María de Viabaño.

Barca de Arobes 1960




Barqueros
Misa de celebración de la traida del agua a Llames.
Durante años fue un constante lamento en el concejo la pérdida de toda la documentación relativa a la Parroquia de Sta. María de Viabaño, habiendo sido esta última en siglos pasados la más importante del Concejo de Parres.

Nada se conservaba con relación a sus raíces eclesiásticas, mientras las demás parroquias del concejo tenían bajo cuidadosa custodia todo lo referente a sus vecinos bautizados, confirmados, casados, difuntos, o a los
libros de fábrica alusivos a la construcción de sus iglesias, ermitas y cementerios, así como a los informes de los visitadores que la mitra ovetense enviaba periódicamente para controlar el funcionamiento de todos
los asuntos eclesiales, y si se debían o no corregir aquellos aspectos que no fuesen fieles a la ortodoxia vigente. Viabaño había perdido -por descuido, dejadez o abandono de quienes están obligados a su custodia- todos los libros referentes a su larga historia como parroquia. Apenas si quedó un libro relativo a los difuntos, el cual sólo abarca el periodo 1882-1936. 
En barca a bautizar
Fuente-surtidor en Llames
A veces ocurren pequeños milagros, como es que alguien encontró recientemente esos viejos libros desaparecidos en una antigua librería, allá por Gijón y -ojeando (además de hojear) sus gastadas páginas- vio que a nadie le serían más útiles que a los descendientes de aquellos vecinos ya desaparecidos mucho tiempo atrás, amén de a los estudiosos de la historia de Parres, de sus pueblos y parroquias, así como de cualquiera que -con dos dedos de frente- sepa valorar lo que es el pasado de un lugar, sea éste grande o pequeño, que cada uno es un mundo de diversidad, vidas y aconteceres.

Duermen ya en el blindado archivo diocesano los documentos de la parroquia de Viabaño que nunca debiera haber perdido, algo más frecuente de lo habitual bien por desastres naturales, guerras, robos, despreocupación en su mantenimiento y otras causas diversas, siempre lamentables. En la donación que el Infante don Ramiro II (después rey de León) hizo a la Catedral de San Salvador de Oviedo en el año 926, cita la iglesia de Viabaño en los términos: “In Biabanno eclesiam sancte Marie similiter”.

En el antiguo libro Becerro de la Catedral de Oviedo (año 1385) puede leerse: “Santa María de Viavanno ha de manso quatro días de bués”. Los mansos eran tierras exentas de toda carga de impuestos. Un día de bueyes era una medida típica asturiana equivalente a lo que un par de bueyes podían arar en un día, que eran unos 1.250 metros cuadrados. La parroquia -como todas- tenía también su obligación diezmera o décima parte que los fieles debían pagar a la iglesia sobre maíz, escanda, tocino, huevos y salmones. Hasta los taberneros debían abonar su parte según la venta que tuviesen en sus negocios; una obligación vigente hasta 1841. Cuatro días de bueyes tenía también “Santo Martino de Quadrobenna” (único titular y patrono de Arriondas, después de haberlo sido de Cuadroveña durante más de cinco siglos).

Viabaño -o Biabaño, como aparece en muchos documentos- (hoy Viabañu como topónimo oficial) fue parroquia de mucho peso en el concejo de Parres. El 29 de junio de 1837 el Boletín Oficial publicaba la lista de los vecinos que tenían derecho a voto para elección de diputados, “por disponer como labradores de un par de yuntas propias destinadas exclusivamente a trabajar sus propias tierras”. Algunos vecinos del concejo que no aparecían en esas listas -y que aseguraban cumplir con el requisito antes expresado para tener derecho a voto- reclamaron por su exclusión. Quince años después se citan como vecinos elegibles para cargos municipales (por ser los que más contribución pagaban tanto al Estado como al municipio): don Manuel Pérez González, porque pagaba 307 reales; don Manuel Pérez Fdez. con 275 reales y 16 maravedís; don José García Valles pagaba 275 rls.; don Bernardo Longo contribuía con 270 y así otros siete más.
Fiesta de los Ramos

Fiesta de los Ramos.

Eran electores no elegibles en ese año los curas que Viabaño tenía a su servicio, nada menos que cuatro, a saber: don Manuel de la Viña Fdez. como cura párroco; don Melchor Glez., don Ramón Álvarez y don José Valdés Monasterio, los tres como presbíteros capellanes.En 1847 Viabaño tenía 281 vecinos o cabezas de familia (que no es lo mismo que habitantes) distribuidos de la siguiente manera:

Arobes y Romillo tenían 67; Granda de Arriba: 30; Granda de Abajo y Carrio: 52; Tospe y El Otero tenían 54 y Collado y Llames un total de 78 vecinos. Era la parroquia con el mayor número de cabezas de familia del concejo hace 167 años, seguida por San Juan de Parres con 228 y Santo Tomás de Collía, con 164.
 Viabaño llegó a tener 1.402 habitantes en 1910; 1.140 en el año 1950 y 728 en 1970. Son 408 habitantes actualmente entre los siete pueblos que conforman su parroquia

Cuarenta y cuatro pueblecitos, aldeas, barrios y quintanas estaban dispersos por la parroquia, desde Arobes hasta El Zampiñuelu, pasando por Carriu, Llames, Granda, Ozanes, Romillu, Tospe o San Martín.

Pascual Madoz registraba hace siglo y medio la existencia de doce molinos harineros, cereales, patatas y legumbres, además de lino y cáñamo, en una parroquia con muy buenas cosechas de maíz que se completaban con la cría de ganado vacuno, lanar y de cerda. El sobrante de la cosecha, la sidra
y el ganado se ponían a la venta en el mercado que tenía lugar “todos los sábados, en el Collado del Otero de Llames”, dado que el mercado en la villa de Arriondas era, por aquel entonces, los martes. En el reparto de utilidades anuales del año 1841 se contabilizaron 77 hacendados forasteros, entre los que destacaban los Condes de la Vega del Sella o el Señor de Benavides, además del Cabildo de Oviedo, la Mitra Episcopal y los Monasterios de Villanueva y San Pelayo de Oviedo. En 1873 el Consistorio parragués envió una comunicación al Gobierno Provincial en la que le informaba que en su término municipal no había establecimientos de crédito, ni casas de banca, ni de comercio, ni sociedades industriales, ni particular alguno que se dedicase al comercio. La red viaria interior era deplorable y estaba totalmente abandonada, a merced de los vecinos que -en sestaferias colectivas- intentaban paliar tanta desidia. Ya Jovellanos citaba estos caminos “como unos de los más perversos de Asturias”.

El Viaje de la Reina Isabel II a Covadonga -el 28 de agosto de 1858- dio motivo para que se acondicionase el camino que atraviesa la parroquia de Viabañu. Así le quedó el nombre de “Camín de la Reina”, el cual discurría por el antiguo trazado de la calzada romana creada por la Legión VII. Con motivo del paso de esta comitiva real quedó escrito que en Viabañu se buscaron varias parejas de bueyes y vacas para ayudar a subir los coches en las pendientes del camino, tanto a la ida como a la vuelta. Algunas parejas fueron utilizadas para ese cometido y sus dueños cobraron por el trabajo, pero nada se abonó a los dueños de las que no fueron necesarias, por lo que éstos últimos acudieron al ayuntamiento reclamando su gratificación y exigiendo que se les pagase con fondos municipales. Aún faltaban 45 años para que el ferrocarril procedente de Oviedo llegase a Arriondas.

Se utilizaba también, a su vez, este “Camín de la Reina” como parte de la ruta jacobea utilizada por los peregrinos procedentes del oriente de Asturias que transitaban por el interior, muchos desde Covadonga. No pocos chicos de Primera Enseñanza lo habrán frecuentado camino de su escuela rural, atendida
por el maestro contratado por los padres cada año. En 1864 –hace ahora siglo y medio- las retribuciones en especie para el maestro estaban establecidas en “un copín de maíz a cada cabeza de familia que mandase
a un niño a la escuela y, copín y medio, al que mandase más de uno”.

Entretanto, a la maestra de niñas “como concurren menor número, se le abonarán dos reales mensuales por cada una”.

Campandengui y Tarancón camino de Vibaño
Campandengui, Tarancón y su secretario José Fernández
El futuro cardenal Tarancón en la barca de Arobes
Detengámonos ahora en la falta de puentes que -sobre el río Piloña- fue un clamor popular que reivindicaba la comunicación entre Viabaño y otros pueblos importantes de su parroquia. Barcas y chalanas suplían la falta de puentes y así ocurrió en el caso que hoy nos ocupa hasta hace ahora poco más de cuatro décadas.

Quejas de los vecinos que nunca fueron atendidas, puesto que ya en 1854 se solicitaba un puente para Arobes -y para otros tramos, tanto del Piloña como del Sella- desde el ayuntamiento parragués. Todavía nos parece escuchar en 1961 al muy recordado cura párroco don Víctor Ortiz solicitando ese puente. Como él decía “el reloj de Viabaño se ha parado hace muchos años. Su historia quedó estancada y faltaron los hombres que la hicieron valer entre las demás aldeas del presente, como antaño lo hicieron sus antepasados”.

Razón tenía señalando que no pedían títulos ni alcaldías, sino que Viabaño, por su núcleo numeroso de habitantes y por hallarse en una encrucijada entre dos riberas, bien se merecía un puente que uniese las dos partes de una parroquia partida. “Un puente para sus ganados, para su servicio de fincas, para su misa de los domingos y para...sus muertos”. Aún las caciquerías pueblerinas, los intereses encontrados y la mucha pedantería de tiempos pasados eran un lastre a mediados del siglo XX.

 Viabañu, la que ostentó la cabeza de sede arciprestal en su capítulo de administración religiosa, con su iglesia del siglo XIII –ahora en 2014 remozada de nuevo- bien se merecía un puente...pero muchísimos años antes de los que tuvo que esperar para verlo, ya en los inicios de la década de los 70 del siglo XX. Concluyamos con las palabras del Padre Ortiz cuando -en 1960- se inauguraba la traída de aguas a Llames de Parres: “Bien es verdad que todo se puso en contra de estos nobles hijos del campo; pero el agua tenía que venir y vino. Sin ventosas, sin técnicos, sin depósito y sin dinero, a pesar de los ocho kilómetros de zanja, en contra de todos los pronósticos, en contra del barro, del tiempo, de las llastras y de los escépticos, porque para vencer esas dificultades había hombres forjados con una voluntad de acero, enamorados de su pueblo, tallados al aire y al sol y al cierzo, esculpidos al cincel del sufrimiento y amasados con la fatiga y el sudor del trabajo cotidiano...”.


Vibaño, el archivo recuperado.


Sean estas líneas un homenaje a don Víctor Ortiz -por esas y tantas otras cosas- y a quienes sólo buscan el bien común sin más intereses, sectarismos ni egolatrías.

Francisco José Rozada Martínez
11 de octubre de 2014


Cruz procesional

martes, 4 de noviembre de 2014

San cosme y San Damián


 Pregón para la fiesta de San Cosme y San Damián de Llerandi 2014

(El pueblo de las campanas...)


Campana de San Cosme
Pregonar la fiesta de un pueblo cuya celebración se adentra en el túnel del tiempo por más allá de cuatro siglos, no puede dejar indiferente a quien ha sido designado para hacerlo.

Vuestra antigua iglesia -dedicada a los santos Cosme y Damián- ya era mencionada en documentos del siglo XVI. De entrada, podemos afirmar que Llerandi es el pueblo de las campanas. Primero, porque en su nueva iglesia toman asiento cuatro campanas: las dos actualmente situadas en la espadaña del campanario (unas adolescentes con tan sólo doce años) más otras dos que ya llevan 384 años siendo testigos de vuestras vidas y de las de vuestros antepasados en varias generaciones. Que estén datadas en 1630 da idea de los años que han servido a la parroquia. Dícese que aún falta otra, desaparecida en lejanos tiempos y en circunstancias confusas, vaya usted a saber por qué razones, pero que no volvió al lugar para el que había sido destinada.


Campana de San Damián
Cuenta Pascual Madoz en el siglo XIX -en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España- que a esta fiesta de los santos patronos acudían cientos de peregrinos de todos los alrededores y otras localidades no tan cercanas, con el fin de darles las gracias por los favores recibidos o para pedirles ayuda en sus necesidades. Cuenta también cómo muchos subían al campanario y -con el fin de mitigar sus migrañas y dolores de cabeza- metían la misma bajo el vaso de la campana y daban un único golpe con el badajo. Creencias y supersticiones fueron muchos siglos de la mano, y aún hoy cuesta trabajo creer que no se hayan divorciado del todo.

 No vamos a detenernos hoy en cantar y contar las excelencias de este lugar, su paisaje ni la bondad de sus gentes, porque son cuestiones ya conocidas y parecería como si el pregonero quisiera halagar de forma
desmedida a los oyentes de sus palabras.

Un pregón -y de manera especial si cae en manos de un cronista- debe aportar mucho del pasado del lugar que pregona (a ser posible algún tema desconocido), salpimentado de alusiones al presente y a un futuro que
siempre se espera mejor.

Esta parroquia llegó a tener 585 habitantes hace un siglo; se quedaron en la mitad 60 años después; pasaron a ser 193 hace 28 años y -a día de hoy-sólo tiene 105 (repartidos 51 en Llerandi, 45 en Cividiellu y 9 en Priaes).
Iglesia de Llerandi.

Llerandi tuvo hijos e hijas que -como se puede comprobar estadísticamente-abandonaron las tierras de sus antepasados en busca de mejor fortuna y de una vida más amable que la de muchos de sus antepasados. No nos vamos a detener hoy en seguir los pasos de tantos posibles hijos emigrantes, ni tan siquiera de los que levantaron esta iglesia -hace 62 años- a sus espensas (la cual vino a sustituir a la que -en otro lugar- ánimos
exaltados dejaron en ruinas 75 años atrás), porque es conocida la trayectoria de los emigrantes y hermanos Martín y Melchor Palomo, cuya memoria aún permanece entre muchos de vosotros.

 Para este día especial vamos a seguir a un vecino más que desconocido, uno de los muchos que salieron en busca de nuevos e ignotos horizontes y que puede simbolizar a tantos otros que -ni mucho más ricos ni -desde luego- peor de lo que estaban, pasaron buena parte de su vida lejos de estas tierras.

 Pongamos nuestra imaginación a trabajar 267 años atrás. Sigamos a Felipe de Diego Longo, desde su nacimiento en Llerandi en 1747, habiendo sido el segundo de los cinco hijos que sus padres -Gaspar y Ana- habían tenido.En éste su pueblo natal Felipe de Diego Longo había acudido a la escuela rural cuando las labores del campo se lo permitían. Necesariamente tuvo que haber manejado la pluma de ave para escribir, el ábaco para sus cálculos de matemática elemental, una cartilla de lectura, el imprescindible catecismo
del jesuita Ripalda, así como algún librito que el cura o el maestro le hubiesen dejado... (un maestro al que el pueblo contrataba por unos meses, abonándole entre todos los vecinos con hijos en edad escolar unos 700
reales para todo el curso (alrededor de 2.500 euros de hoy). Camino de esa escuela de Llerandi -cuyas pésimas condiciones son de imaginar- se habrá encontrado con algunos vecinos cuyos nombres hemos podido rescatar de los protocolos notariales de la época: Jerónimo Longo y su mujer Francisca
Longo, Manuel de Arduengo, Francisco de Vega, María Antonia de la Vallina, Manuel Coviella, Josefa Llerandi, Toribio de Laria, Joaquín y Cipriano Longo, y no dejaría de encontrarse alguna vez con Francisco de la Cuesta, maestro flebotomiano, que es lo mismo que “sangrador”, un personaje curioso, cuestionado a veces por la medicina oficial, dedicado a hacer sangrías, sajar, sacar dientes y muelas y poner ventosas y sanguijuelas; además, algunos también eran barberos. El título de maestro flebotomiano llevaba implícito
el juramento de su titular de ejercer su arte gratuitamente para los pobres.

Personajes estos ya citados por Cervantes en El Quijote o por Tirso de Molina en una de sus comedias, donde dice del mismo:


”...Suele andar en un machuelo, 
que en vez de caminar vuela;
 sin parar saca una muela; 
más almas tiene en el cielo que un Herodes y un Nerón; 
conócenle en cada casa:
 por donde quiera que pasa le llaman la Extrema Unción”.

Puede que Felipe de Diego fuese colega escolar y de correrías por estos prados de Cosme González, que acabaría siendo mayordomo del santuario de estos santos médicos, hermanos y mártires que veneráis. Con 19 años Felipe decidió marchar a Oviedo para trabajar en la construcción del que sería el Hospicio y Hospital Real de Huérfanos, Expósitos y Desamparados. Las obras habían comenzado en 1752 y no concluirían hasta 1777.

Con el patrocinio y protección de Fernando VI y de Carlos III este edificio llegó a su máximo esplendor bajo las ordenanzas del Regente de la Audiencia del Principado de Asturias, Isidoro Gil de Jaz y -la iglesia del mismo hospicio- fue proyectada por el arquitecto Ventura Rodríguez.

Los santos en procesión.
En el que es -desde hace cuarenta años- Hotel de la Reconquista, Felipe trabajó durante seis años. En 1770 Carlos III dictó una ordenanza según la cual uno de cada cinco jóvenes en edad militar (las “quintas”) -entre los 18 y los 40 años- debía incorporarse al ejército mediante sorteo.

No fue el caso del de Llerandi pero -por razones desconocidas- Felipe se trasladó a Madrid en 1772 y allí lo encontramos con 25 años. No será extraño suponer que -en sus trabajos en el hospicio ovetense- tal vez
conociese a algún compañero que hubiese llegado desde Madrid, quién sabe si por indicación del gran arquitecto Ventura Rodríguez, y que le hubiese indicado que en la villa de Madrid la vida podría serle más gratificante.

 Su familia en Llerandi seguiría esperanzada las andanzas de Felipe, por Oviedo primero, y por Madrid, después. Seguro que sus hermanos estarían muy atentos al devenir de su aventurero hermano; el correo tardaba varios días en llegar y en él iba comentando sus trabajos y aventuras, además de sus planes de futuro.

 En 1776, Felipe de Diego, con 29 años, se encontró en Madrid con Francisco Blanco Cayarga -natural del Otero de Llames- cuyo trabajo en la recién fundada Real Sociedad Económica de Amigos del País consistía
en colaborar en la confección de máquinas que facilitasen el desarrollo tecnológico. Felipe encontraba así, un nuevo e inesperado trabajo en el Colegio de los Desamparados, sección de Artes y Oficios. Sería, pues,
testigo de los expedientes de patentes que se presentaron en los años siguientes, desde diferentes tipos de molinos a tahonas, desde cerillas al primer tipo de cartón.

Las cosas parece ser que no le fueron del todo mal, pues -un año después-convenció a sus hermanos Juan y Tomás para que fuesen a trabajar con él en la Villa y Corte. Antes de que éstos llegasen a Madrid, fallecía su madre Ana Longo de unas “fiebres no superadas”. Corría el mes de octubre de 1777, en los mismos días en los que en la Cueva de Covadonga todo su santuario en madera fue pasto de las llamas, desapareciendo todo lo que en él se contenía, puesto que ni la imagen de la Santina se salvó.

Los tres hermanos fueron testigos de los grandes cambios que Carlos III proyectaba para Madrid en esos años. No sabemos su domicilio concreto, pero sí que se encontraba próximo al Real Jardín Botánico que estaba en ejecución, puesto que en una carta a su padre hacen notar que Juan cortejaba a una chica leonesa que servía cerca de su casa, no lejos de dicho jardín. Es posible que los tres hermanos viviesen en una posada o pensión; algunas eran famosas, como la Posada de La Encomienda -situaba en la calle de Alcalá- donde solían quedarse los que llamaban “ordinarios” (así llamaban a los transportistas), aunque los de la zona oriental asturiana se hospedaban en la Posada de La Cruz, en la Red de San Luis. Las tabernas
y figones -casas de poca categoría donde se guisaba- eran frecuentes en la que era capital de España desde hacía algo más de dos siglos.
El ramu.


Como un pregón no puede ni debe ser un “culebrón venezolano” de interminable duración, y éste pregón es ya atípico de por sí al contarse en él la vida de un vecino que jamás habría imaginado que -250 años después-alguien la iba a contar como uno de tantos ejemplos de superación, vamos a
ir poniéndole fin de manera resumida.

De Juan -el hermano mayor- sólo conocemos que se casó con Eugenia Vargas.Tomás hizo lo mismo con María Antonia Díaz, y él falleció apenas un año después, con sólo 30 de edad. Felipe de Diego Longo permaneció soltero hasta donde sabemos y -con 58 años- se pierde su pista a partir de 1805.

Nos preguntamos:

¿Llegaría a ver los trágicos sucesos del 2 de mayo de 1808 en Madrid, con los fusilamientos por las tropas de Napoleón?¿Llegaría a conocer al genial Francisco de Goya con el que coincidió viviendo en Madrid durante diecisiete años?¿Coincidiría alguna vez con los comisionados asturianos que el Gobierno del Principado de Asturias enviaba cada primavera -con su diputado en Corte a la cabeza- para la entrega de los llamados “regalos de tabla” o “regalos de estilo”? Aclaremos que estos regalos consistían en varias decenas de jamones de Tineo (que en 1805 fueron ciento ochenta) y entre veinte y cuarenta salmones del río Sella que se entregaban a los ministros y otras determinadas personalidades de la Corte. Asunto éste nada baladí, pues -hace más de dos siglos- sólo recoger, transportar y entregar estos regalos suponía un desembolso de 10.000 reales (9.000 los jamones y 1.000 los salmones), -unos 915 ducados- (35.000 euros de hoy). Sorprende -año tras año- este tipo de regalos a los que no los necesitaban, mientras las gentes del Principado vivían en la penuria más absoluta. De modo que la política tenía sus servidumbres... lo mismo que hoy.

¿Acabaría Felipe “el nuestro” sus días en el Cementerio General del Norte de Madrid, inaugurado en 1804 y hoy desaparecido?

 Mejor dejamos el final abierto, en el aire (...o bajo tierra), como el de tantos miles de vecinos de este concejo -y de todos los demás de Asturias-que salieron en busca de una vida mejor allende las fronteras del terruño natal. Unos pocos encontraron fama y fortuna; la mayoría, una vida bastante mejor; y -unos pocos desafortunados- se arrepintieron de haberlo hecho.
Bello paisaje rural

Volvamos a la realidad del momento, hagamos memoria de los peregrinos que por aquí pasaron haciendo todo tipo de peticiones a estos dos hermanos mártires. Observemos a las más de tres veces centenarias campanas; imaginemos a los que metían su cabeza bajo la misma (que hasta los sordos lo hacían con intención casi mágica), porque Cosme y Damián eran de los santos que curaban. Seguro que hasta desde vuestra mina de cobre de El Coriellu -cada 27 de septiembre- acudían a la romería aquellos sufridos trabajadores.

Hagamos memoria de la fiesta que duraba tres días; se ofrendaban hasta cuatro ramos; hacía quemar y explosionar su xigante; la comida campestre -tras la misa y la subasta del ramu o de los ramos- llenaba estos campos y había una feria de ganado que era única en todo el concejo. Se daba así acogida a unas jornadas de amistad, familiaridad y descanso, después de tantos trabajos y sacrificios.Subid a la espadaña de esta iglesia las dos muy ancianas campanas, dedicadas a cada uno de los dos hermanos que festejamos, para que desde allí no corran los peligros que pueden tener a pie de calle. De esa forma, además, fundiréis pasado y presente en un campanario único en el concejo, con cuatro campanas. Las viejas quedarán como piezas vivas de museo, la dedicada a San Cosme con sus heridas de guerra bien visibles y -la dedicada a su hermano Damián- abierta de arriba abajo, como si un rayo la hubiese querido robar.

Por los que os precedieron en los siglos pasados, por los que estamos aquí hoy y por los que -sin duda- seguirán manteniendo esta tradición cada mes de septiembre, elevemos juntos nuestras voces en este rincón
de Parres, no sin que antes os agradezca vuestra invitación para dar este primer pregón, al que deberían seguir otros cada año a partir de ahora, porque tenéis nativos, vecinos, amigos y otros que lo harán con la misma -e incluso más- dedicación y devoción que yo.

Y concluyamos así con los vivas reglamentarios que la jornada reclama:

¡Viva San Cosme y San Damián!
¡Viva Llerandi!
¡Viva Asturias!


 Francisco José Rozada Martínez 
Llerandi, 20 de septiembre de 2014




San Cosme y San Damián