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sábado, 1 de diciembre de 2012

Cuando concluye la vida.

Breve visión funeraria de los siglos XVII y XVIII



Detalle del cementerio de Arriondas.


Cuando se investiga sobre mentalidades colectivas del pasado es necesario acudir a las fuentes -generalmente escritas- de las que pueden manar resultados que nos ayuden a conseguir una imagen, más o menos nítida, del sentir de nuestros antepasados ante hábitos y realidades de aquellos grupos sociales, estamentos y ámbitos a los que pertenecieron.

Hay una apreciable diferencia entre los medios rurales y los urbanos en aspectos de relevancia, pero subyace en ambos casos una esencia común.

Tanto los registros notariales como los parroquiales son verdaderos manantiales de información. Difíciles en muchos casos de escudriñar, bien por su deficiente conservación antes del llegar al Archivo Histórico Diocesano actual, bien por su complicada caligrafía datada siglos atrás.

El Concejo de Parres atesora en el archivo antes citado la mayor parte de su documentación parroquial, al igual que en los tres archivos de los que dispone la Casa Consistorial. Hasta en una quincena de parroquias se puede indagar en sus antiguos libros de bautizados, casados, difuntos, fábrica, cofradías, capillas, santuarios, padrones, censos y legajos varios.

Desde cuatro siglos atrás hasta nuestros días, costumbres, normas, ritos, oficios, leyes y tantos otros aspectos de la vida han experimentado cambios asombrosos, en la inmensa mayoría de los casos para mejorar sobre lo que regía en aquellos pretéritos siglos.

Noviembre parece un mes propicio para meditar sobre los usos y costumbres que rodeaban el final irremediable de toda vida humana. A ello vamos, partiendo de aquella documentación que sobrevivió al abandono y la miseria. Centrándonos en los siglos XVII y XVIII -y más concretamente en las costumbres y ritos funerarios de nuestro concejo en particular-, pueden valorarse varios aspectos. Para ello manejamos algunos libros  que van desde 1647 hasta 1789. 

Necrópolis parroquial de Arriondas
En los protocolos notariales hay disposiciones testamentarias de todo tipo, generalmente muy minuciosas en sus providencias, cláusulas y condiciones. Haremos referencia a mortajas, ceremonial de los entierros y sepulturas. En el primer caso hay especificaciones concisas para que -llegada la hora de la muerte- se amortajase al interesado según su dictado y convicciones. Algunos indican su deseo de ser amortajados con el humilde hábito o sayal franciscano, el dominico y -los menos- el benedictino; en el caso de las mujeres suele solicitarse también el carmelitano. En algún caso sería por manifestar una austeridad al final de sus días que, tal vez, no había llevado en vida. Consideraban estas mortajas como un aval que les ayudase a salvar sus almas en aquellos siglos de profunda religiosidad. Bien es cierto que la gran mayoría no dispuso nada en cuanto a su amortajamiento o lo dejaron a libre disposición de su familia. Los pobres eran habitualmente envueltos en una sencilla sábana -si es que la tenían-, pues en el caso de Melchor Pérez, de San Martín de Cuadroveña  -año 1699- se lee: “…y como no disponía de nada, un vezino cubriole con un lienzo suyo, hízolo en el Nombre de Dios y de la sienpre gloriosa y santissima Birjen Maria Conzepbida sin mancha de pecado orijinal, prottetora de ttodos los pecadores”.

En cuanto al entierro propiamente dicho solía seguirse la pragmática de Felipe V  según la cual no podían utilizarse telas ni colores sobresalientes en seda, sino paños y galones negros o morados con el fin de manifestar “el origen de mayor tristeza”. Los acompañamientos en los entierros se establecían en varios niveles: sacerdotes, cofradías, pobres y otros cercanos al difunto o a su familia. Según la clase social a la que perteneciese el finado podían asistir a sus exequias entre tres y doce sacerdotes. Además las cofradías solían tener un sacerdote o religioso como director espiritual, el cual presidía la cofradía en el entierro si el difunto había pertenecido a la misma. Este detalle de asistencia de cofradías a las inhumaciones llegó hasta la década de los años 60 del pasado siglo XX -como pudimos ver en Arriondas-, y eran las encargadas de portar su estandarte distintivo, así como el féretro en alguna ocasión. Todas estas manifestaciones exteriores entraron en crisis y fueron desapareciendo; de alguna manera podría entenderse como un regreso a la esencia racional de la religión, abandonando parte del aparato exterior que la acompañaba. Asimismo era muy curioso el llamado cortejo de pobres que acudía al entierro, una mezcla de ostentación por parte de las familias con dinero -por el número de limosnas que había que darles- con una especie de piedad por los más necesitados. Es como si el pudiente fallecido necesitase las oraciones de aquellos pobres -evangélicamente más cercanos a Dios-, y sus servicios se pagaban con limosnas o alimentos, o ambas cosas.

Hay que imaginarse que aquella era una vida sin prisas y que estos detalles se cuidaban y preparaban minuciosamente. Tan sin prisas que consta cómo el rey Fernando VI falleció el 10 de agosto de 1759 y la noticia no llegó a Asturias hasta el 4 de septiembre, teniendo lugar sus exequias en la catedral ovetense el 1 de octubre.

Algunas familias -que no disponían de liquidez económica- se veían obligadas a vender parte de su patrimonio para hacer frente a los gastos originados por las exequias fúnebres de algún familiar. Según los protocolos notariales era casi la mitad de la población la que se preocupaba de dejar disposiciones para que se celebrasen misas por su alma, o dejaban el encargo a sus albaceas o familiares.

En el Sínodo Diocesano de Oviedo de 1769 se estipulaba el tipo de funerales a celebrar que podían ser: menores, regulares y mayores; según el número de curas, diáconos, responsos, sermones, o que fuese misa rezada, cantada, etc.

En nuestros días está comúnmente aceptada en las esquelas mortuorias la expresión “después de haber recibido los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica”, haciendo referencia a que éstos se le administraron al fallecido antes de su óbito; bien es verdad que -como no se especifica cuánto tiempo antes- no serán pocos los casos en los que la última vez que recibieron dichos sacramentos puede haber ocurrido el día de su boda, y hasta el de su primera comunión… No era ese el caso en siglos pasados, donde si no había recibido sacramentos quedaba anotado por el cura de su parroquia en el libro de defunciones. Así, en 1780, el cura párroco de Castiello -en nuestro Concejo de Parres- anotó: “Felipe Villaverde de Diego vezino desta Parrochia no recivio los Sanctos Sacramentos de la Penitencia ni Eucharistia, por haverlo hallado muerto en los Montes de Sebares”.
Cementerio de Arriondas.
Duró siglos la costumbre de que nobles, hidalgos y pudientes buscasen sepultura dentro de los templos. El gran Jovellanos, en su testamento de 1795, dejó estipulado: “En cuanto a entierro, si durase la bárbara y nociva costumbre de hacerle en las iglesias, vaya mi cuerpo a la parroquia, pero quiero que, si es posible, se obtenga licencia del ordinario y la justicia real para un enterramiento particular. Si se consiguiere, cómprese el hórreo de don Cosme Sánchez, y se me ponga en aquel sitio, contiguo al Instituto, después de bendito y cerrado”.

  En Arriondas los primeros enterramientos de los que queda constancia datan de 1686. El primitivo cementerio se amplió con varias donaciones, entre las que se encuentra una curiosa que quedó anotada de esta forma: “doña Vicenta Peláez, de Beloncio, con motivo de haber fallecido debajo de un corredor de Cuadroveña su padre José Peláez que venía de llevar una hija a un colegio de Santander, donó para ampliar el cementerio diez mil reales”.

La actual necrópolis parraguesa se amplió al menos dos veces. La primera en 1909 y, después,  en 1955 -cuando tenía 1.300 m2- y se le añadieron 3.859 m2 más del mejor terreno de los mansos parroquiales. Pasados cincuenta y siete años no precisa de más ampliaciones en varios lustros.





Francisco José Rozada Martínez
Cronista oficial de Parres

Publicado en La Nueva España el jueves 29 de noviembre (pg 15 edición del oriente)





lunes, 26 de noviembre de 2012

De San Emeterio a San Andrés


San Andrés de Pendás.


San Andrés, al que llamaban Protocletos  (“el primer llamado”), por ser el primer discípulo elegido por Jesús, tuvo en nuestro Concejo de Parres -aneja a la Parroquia de Pendás- una capilla bajo su advocación, compartida con San Emeterio. En 1665 aparece datada la misma en el libro de fábrica que se conserva. Esta capilla se mantuvo en pie hasta septiembre de 1937 y celebraba sus fiestas en memoria de ambos santos: Emeterio, el 3 de marzo y Andrés, el 30 de noviembre, con feria de ganados incluida en ésta última. El libro antes citado se inicia con el acta que dice: “En doce días del mes de enero de mil seiscientos y sesenta y cinco años, se juntaron los vecinos de esta feligresía de Pendás y con asistencia de mí, Arcipreste, para tomar las cuentas a Toribio Merino, Mayordomo que fue de los gloriosos santos San Andrés y Santo Medero el año pasado de mil seiscientos y sesenta y cuatro, y para nombrar este año…Mayordomo de dicha ermita, para lo cual nombraron a Cosme de Caldevilla, vecino de dicho lugar, y se firmó dicho día, mes y año arriba indicado. Firmado: Francisco Blanco de la Portilla”.

En las cuentas de ese año las limosnas para ambos santos ya fueron dispares, puesto que para San Emeterio (Santo Medero o Santu Medé) se recaudaron  58 reales y 28 para San Andrés. Otros 5,5 Rls. de la renta de la ermita se pagaron  a Domingo Miyar; y es que el ermitaño que cuidaba de la capilla tenía su casa próxima, la cual denominaban algunas veces como “casa de novenas”; tal vez pudiera ésta estar unida a la capilla, o exenta pero muy próxima.
San Andrés en la Basílica de San Pedro (Roma)

Diego de la Canesa, Arcediano de Villaviciosa, pasó la primera visita registrada en 1665 y comprobó todas las cuentas de la ermita. Cada año se cambiaba de mayordomo y, trece años después, los fondos ya eran de 400 reales. Curioso es que el mayordomo de 1699 se llamase Medero, como uno de los santos titulares de la capilla. La ermita proporcionaba buenos ingresos, puesto que con parte de sus fondos se arregló la campana de la iglesia de Pendás en 1705. Algunas veces se cita a Santo Medero con su compañero de martirio San Celedonio (o Celedón). En 1723 se advierte a un vecino -dueño de unos castaños próximos a la ermita- para que los podase, puesto que caían las hojas y los erizos sobre el tejado de la misma.

Los parroquianos estuvieron a punto de levantar una nueva capilla, por el mal estado de la que tenían, pero, al final, desistieron de la idea.
En 1730, la limosna del día de la misa de san Emeterio fue de 39,31 reales, y la de Andrés de sólo 5 Rls. En 1759, el 3 de marzo, hubo una misa cantada y tres rezadas, por las que abonaron 22 Rls.

Debe destacarse que, a veces, se cita al lugar como San Andrés de Valdevera. Ya en 1777 –el año del incendio de todo lo que había en el interior de la cueva de Covadonga-, el visitador Licenciado don Agustín Atocha, hace notar en el acta de su revisión que compren una campana para colocar en la espadaña o nicho que para ella tiene este “Herremitorio” y que, acaso, nunca la hubo por incuria de sus párrocos, a pesar del número de devotos y de la cantidad de limosnas. Les hace notar que en la villa de Bilbao hay campanas de distinto peso, cuya compra puede ser más beneficiosa que si se manda construir nueva en el “Pays”.

San Andrés por El Greco. (Museo de Bellas Artes de Asturias)
En una hoja suelta de 1778 se mencionan las rentas que tenía esta capilla de la parroquia de Pendás del Concejo de Parres; Fernando Sánchez Iglesias, de Las Arriondas de San Martín, tenía un censo de 10 ducados; los mismos que Francisco García, de Pendás; Cipriano Cuenco, de Bode;  Luisa del Quintanal y Pedro del Llano, de Arpado.

En 1782 se hace notar que se debe comprar un libro nuevo, pues le quedaban pocas hojas al que hoy -230 años después-, hemos manejado para escribir estas líneas. En el año 1688 concluye el Libro de Fábrica de esta ermita.

Casi dos siglos después –en 1880-, ya en los libros de la Parroquia de Santiago de Pendás, se hace referencia a la ermita al comprar teja para las capillas del Ángel y San Andrés. ¿Qué fue de San Emeterio? No sabemos el porqué de su “desaparición” de la preeminente devoción de sus parroquianos.

Hace ahora cien años se pagaron 4 pesetas y 25 céntimos para el arreglo del tejado de la capilla, la cual quedó destruida en 1937. Actualmente no queda nada de la misma, sólo la maleza que cubre el solar que ocupaban tanto ella como la casa del mayordomo que la custodiaba. Al menos al lugar le ha quedado el topónimo de San Andrés.

Sea éste un recuerdo de aquellos siglos en los que -cada 30 de noviembre- los devotos acudían a este lugar -tan cercano a la villa de Arriondas- para honrar al santo, muerto -según la tradición- en una cruz en forma de aspa, tal vez para memorizar la crucifixión de su hermano, Simón Pedro.






Francisco José Rozada Martínez

Cronista oficial de Parres



martes, 13 de noviembre de 2012

El patrono de nuestra parroquia.


San Martín año 2012



1940. San Martín en lo más alto del retablo central
San Martín de Tours fue designado como patrono de la parroquia hace al menos 326 años, según el decreto número 3.048. Curiosamente era el patrono de la parroquia y titular de la antigua iglesia parroquial próxima al cementerio, pero nadie se había preocupado de que también fuese el titular de la nueva iglesia parroquial que –en la villa- se abrió al culto en 1905. De modo que hasta que en 1954 el cura de la época -don Manuel Riera Prida- no lo solicitó al arzobispado, no lo fue oficial y legalmente.

Natural de Hungría y Obispo de la ciudad francesa de Tours en el lejanísimo siglo IV, este santo echó muy buenas raíces en Asturias, dado que es también el patrono de otras cincuenta y ocho parroquias en toda la archidiócesis.

Para la celebración de su fiesta en Arriondas este año 2012 volverá a utilizarse la imagen que –desde 1940- presidió el templo desde lo más alto del antiguo retablo. Esta imagen se complementará con la efigie en bronce del mismo que ha sido entronizada en el presbiterio en mayo de este mismo año.

San Martín año 2000


No olvidemos que en nuestra parroquia también tenemos la capilla de San Martín de Escoto del siglo XVI, próxima a Llames de Parres, construida con materiales procedentes del antiguo monasterio de monjas benedictinas de San Martín de Soto, comunidad disuelta por la mitra ovetense debido a la vida poco ejemplar de sus moradoras.

Esta capilla fue restaurada en 1985 y declarada Monumento Histórico Artístico Provincial.









Capilla de San Martín de Escoto




Francisco José Rozada Martínez
Cronista oficial de Parres
Noviembre de 2012






Nueva sección en nuestro blog

Iniciamos la andadura de una nueva sección en nuestro blog. Con la Ayuda de Fran Rozada, cronista oficial de la villa, irémos colgando algunas curiosidades y pinceladas de la historia de nuestra parroquia. Esperamos que os guste. Tendréis acceso directo a los artículos en la pestaña que hemos habilitado.

domingo, 4 de noviembre de 2012

sábado, 3 de noviembre de 2012

Excursión a Covadonga

El pasado domingo 21 de octubre, padres, catequistas y niños nos fuimos de excursión a Covadonga. Bien es cierto que es más un paseo que una excursión, pero en un ambiente muy agradable y en el siempre precioso entorno del Real Sitio.

Todos así de guapos posamos con La Santina.


Ya en Covadonga tuvimos una celebración de la palabra en la Santa Cueva, en la que los niños tuvieron un papel principal.

Luego vuelta a casa,... por el mismo camino...