¡Feliz Año 2013!
martes, 1 de enero de 2013
jueves, 20 de diciembre de 2012
Navidad.
| Misterio navideño en la iglesia parroquial de Arriondas. |
Desconocemos el día y el mes del nacimiento de Jesús. Incluso hasta la Iglesia ha reconocido recientemente que hay un desfase en el año en el que se creía que había nacido, puesto que realmente ocurrió entre cuatro y seis años antes. El error viene desde el año 533, cuando el monje romano Dionisio “el pequeño o exiguo” (más que por su estatura puede que el mote le viniese por su humildad), se propuso calcular los años, -no desde la Fundación de Roma como era costumbre-, sino desde el presunto nacimiento de Cristo. La época determinable con precisión es, ciertamente, el décimo quinto año del imperio de Tiberio César. Además, Herodes -rey de los judíos-mandó matar a todos los niños menores de dos años y la muerte de este monarca se sabe ahora que ocurrió cuatro años antes de nacer Jesús, cuando éste tendría algo menos de dos años. Sabemos que se salvó porque sus padres huyeron a Egipto con él.
Como
los romanos eran conscientes de que en estos días últimos de diciembre
los días comenzaban a crecer, celebraban la fiesta del Deus Sol Invictus
(el Invencible Dios Sol); era como si el sol volviese a nacer y -entre
el 22 y el 25 de diciembre- tenían lugar las fiestas del “Natalis Solis”
o Nacimiento del Sol. De modo que los cristianos decidieron también
instaurar la festividad del nacimiento de Cristo en esos días y -al
inicio del siglo IV, aproximadamente-, se fijó la fecha del 25 de
diciembre.
Conviene añadir que la Iglesia Ortodoxa -con unos 250 millones de
fieles, especialmente en Rusia, Grecia, Rumania, Serbia y Ucrania-
celebra la Navidad el día 7 de enero, pues no aceptó la reforma del
calendario gregoriano y se sigue rigiendo por el calendario juliano,
anterior a 1582.
Y nada más por este año, que el próximo comentario ya verá la luz el 1º de enero.
Como
no somos supersticiosos no será imprescindible que salgamos a buscar
una rama de muérdago (Viscum album) para que el 2013 nos depare suerte y
venturas. Esa era una costumbre de muchos siglos atrás, cuando el
muérdago ya era considerado sagrado por los antiguos druidas. Les
parecía que era un vegetal mágico que no necesitaba la tierra para
sobrevivir y su simbología pagana fue casi despreciada por el
cristianismo. Esta planta parásita tiene una querencia destacada por los
árboles y arbustos, especialmente por los manzanos, además de robles,
álamos, etc. El historiador romano Plinio cuenta con detalle la
ceremonia que tenía lugar en torno al muérdago, con los sacerdotes en
procesión hasta el bosque para recoger sus ramas, siguiendo un estricto
protocolo.
Símbolo
de la Navidad ha sido el acebo, al que debemos proteger de forma
especial en estas fechas, cuando todavía quedan desaprensivos que salen
al monte en su búsqueda para decorar alguna estancia y, después,
deshacerse de él. Hoy es especie protegida en amplias zonas de varios
países europeos.
“Si la palmera pudiera
volverse tan niña, niña,
como cuando era una niña
con cintura de pulsera
para que el Niño la viera…
Si la palmera tuviera
las patas de borriquillo,
las alas de Gabrielillo,
para cuando el Niño quisiera
correr, volar a su vera…
Si la palmera supiera
que sus palmas, algún día…
Si la palmera supiera
por qué la Virgen María
la mira…Si ella supiera…
Si la palmera pudiera…
la palmera…”
Gerardo Diego (1896-1987)
Francisco José Rozada Martínez.
Cronista oficial de Parres.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Santa Lucía.
| Santa Lucía Arriondas. |
Nacida en Siracusa de Sicilia sobre el siglo IV, fue acusada de ser cristiana en tiempos del emperador Diocleciano y -deseando consagrar su vida a Dios-, una piadosa leyenda dice que ella misma se sacó los ojos y se los presentó en una bandeja a su pretendiente pagano, por ser lo que más le gustaba de su persona. Bien es cierto que en la catedral siracusana se insiste en que Lucía murió decapitada y no al perder sus ojos. Por cierto que Caravaggio pintó un cuadro de la Santa, en la misma Siracusa, y en él aparecía con la cabeza separada del cuerpo. El efecto que produjo fue tan impactante que el mismo pintor vio la necesidad de retocar el cuadro, dejando sólo una especie de corte en la garganta. El nombre de Lucía contiene la alusión a la Luz de Cristo. Patrona de los ciegos y de cuantos tienen alguna relación con la oftalmología, su fiesta es muy celebrada en Suecia donde a las niñas se les pone un largo vestido blanco y se les coloca sobre sus cabezas una corona con siete velas, como símbolo de la luz. Ese día comienza oficialmente la Navidad en los países escandinavos.
A
la imagen de esta Santa se la suele representar con la palma del
martirio en una mano y una bandeja con los ojos en la otra (aunque en su
imagen también aparece con ellos). La de Arriondas fue adquirida en
1943 y le costó a su donante 809 pesetas.
Sigue siendo habitual escuchar el refrán
“por santa Lucía mengua la noche y crece el día”, nada más lejos de la verdad.
Todos sabemos que el solsticio de invierno en nuestro hemisferio Norte es el
día 21 ó 22 de diciembre, lo que quiere decir que uno de esos días -y los cinco
o seis siguientes- son los más cortos del año y, por consiguiente, sus noches
son las más largas.
¿Por
qué el citado refrán sigue en la mente colectiva? Fácil de explicar.
Durante la Edad Media -antes de reformarse el calendario Juliano- la
fiesta de Santa Lucía era el día 23 de diciembre; con la reforma de 1582
esta fiesta pasó a celebrarse diez días antes. Así podemos afirmar que
hasta hace 430 años sí comenzaban a menguar las noches y a crecer los
días más o menos a partir de Santa Lucía; pero creer que eso ocurre
ahora -cada 13 de diciembre- es un error que ya no se puede seguir
divulgando. Por otra parte, puede contribuir a esta confusión el que la
gente aprecie que a partir del día 13 sí crecen las tardes, lo cual es
cierto, pero aún menguan más las mañanas; lo que hace que -en el cómputo
total- los días sigan menguando. Entre el 13 y el 21 las tardes crecen
dos minutos, pero las mañanas menguan cinco.
| Santa Lucía (detalle) |
Ítem
más: entre el día 21 de diciembre y el 9 de enero, las tardes habrán
crecido quince minutos, pero las mañanas aún menguaron cuatro. Ciencia
astronómica pura e irrebatible es que las mañanas no comenzarán a crecer
hasta el 10 de enero. Es indubitable que los días ni crecen ni menguan
entre el 20 y el 26 de diciembre, no empezando a crecer realmente hasta
el día 27. Por lo tanto olvidémonos de una vez del refrán que dice: “Por
santa Lucía mengua la noche y crece el día y por navidad cualquier
burro lo verá”. Si algún lector se queda con dudas sobre las
afirmaciones anteriores, puede consultar los datos en el Observatorio Astronómico Nacional.
D. Francisco José Rozada Martínez.
Cronista oficial de Parres.
sábado, 8 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
Festividad de la Inmaculada Concepción.
![]() |
| La Inmaculada Concepción de Arriondas. 1941 |
El
papa Pío IX, en una declaración hecha el 8 de diciembre de 1854,
proclamó como dogma de fe la tradicional creencia católica de que la
Virgen María estuvo libre de pecado desde el primer momento de su
concepción, sin mancha alguna de pecado original, una excepcionalidad
entre todo el género humano. Se trata de lo que ahora llaman una
elaboración teológica. El argumento del teólogo medieval franciscano
Juan Duns Scoto se basaba en: Potuit, decuit, ergo fecit, es decir, Dios
pudo (potuit) preservarla del pecado original y como ello era
conveniente (decuit) para quien estaba destinada a ser la madre de
Jesús, pues así lo hizo (fecit)… No debe confundirse la Inmaculada
Concepción con la Virginidad. Y si ambas son elaboraciones teológicas
entran, por tanto, en lo que podríamos llamar “dimensiones poéticas”. En
la Virginidad se proclama que María fue virgen antes, durante y después
de dar a luz a Jesús, su Hijo primogénito (no sabemos con certeza si
también unigénito, pues pudiera ser que hubiese tenido más hijos
después).
Los
hipocorísticos Conchita y Concha -que celebran su onomástica en este
día- tienen su explicación. Como en italiano Concebida se dice Concetta
(pronunciado Conchet.ta), pasó al castellano como Conchita; y al
considerar a este como un diminutivo, se creó un falso positivo que es
Concha, que viene a coincidir con el caparazón de los lamelibranquios,
pero que nada tiene que ver etimológicamente.
En el reinado de Carlos III, en 1644, la Inmaculada fue
declarada Patrona de España. La parroquia de Arriondas -como casi todas-
tiene su imagen adquirida en 1941 y hecha en los talleres Miranda de
Santiago de Compostela; es de madera y costó 2.900 pesetas. Sustituyó a
la destruida en septiembre de 1936. Habitualmente se la representa con
vestuario de color azul, un nimbo o aureola de doce estrellas y -bajo
sus pies- los simbolismos de la media luna y la serpiente mordiendo la
manzana.
| Inmaculada (detalle) |
Francisco José Rozada Martínez.
Cronista oficial de Parres.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Diciembre.
Era
el último de los diez meses en los que estaba dividido el calendario
romano, cuyo año se iniciaba en marzo y finalizaba en febrero. No sería
hasta el siglo II a. C. cuando el Senado Romano decidió cambiar el
inicio del año al mes de enero, pero los nombres de los meses se
mantuvieron.
De
ahí su nombre, derivado del número cardinal “decem”, diez en latín. Los
sajones le llamaban “Winter-monath”, es decir, mes de invierno, y
también “heligh-monath” o mes santo, al celebrarse Navidad en este mes.
El solsticio de invierno en nuestro Hemisferio Norte tendrá lugar este
año el día 21 de diciembre, el mismo día del solsticio de verano en el
Hemisferio Sur.
Francisco José Rozada Martínez
Cronista oficial de Parres.
Cronista oficial de Parres.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Cuando concluye la vida.
Breve visión funeraria de los siglos XVII y XVIII
| Detalle del cementerio de Arriondas. |
Cuando
se investiga sobre mentalidades colectivas del pasado es necesario
acudir a las fuentes -generalmente escritas- de las que pueden manar
resultados que nos ayuden a conseguir una imagen, más o menos nítida,
del sentir de nuestros antepasados ante hábitos y realidades de aquellos
grupos sociales, estamentos y ámbitos a los que pertenecieron.
Hay
una apreciable diferencia entre los medios rurales y los urbanos en
aspectos de relevancia, pero subyace en ambos casos una esencia común.
Tanto los registros notariales como los parroquiales son verdaderos
manantiales de información. Difíciles en muchos casos de escudriñar,
bien por su deficiente conservación antes del llegar al Archivo
Histórico Diocesano actual, bien por su complicada caligrafía datada
siglos atrás.
El
Concejo de Parres atesora en el archivo antes citado la mayor parte de
su documentación parroquial, al igual que en los tres archivos de los
que dispone la Casa Consistorial. Hasta en una quincena de parroquias se
puede indagar en sus antiguos libros de bautizados, casados, difuntos,
fábrica, cofradías, capillas, santuarios, padrones, censos y legajos
varios.
Desde
cuatro siglos atrás hasta nuestros días, costumbres, normas, ritos,
oficios, leyes y tantos otros aspectos de la vida han experimentado
cambios asombrosos, en la inmensa mayoría de los casos para mejorar
sobre lo que regía en aquellos pretéritos siglos.
Noviembre
parece un mes propicio para meditar sobre los usos y costumbres que
rodeaban el final irremediable de toda vida humana. A ello vamos,
partiendo de aquella documentación que sobrevivió al abandono y la
miseria. Centrándonos en los siglos XVII y XVIII -y más concretamente en
las costumbres y ritos funerarios de nuestro concejo en particular-,
pueden valorarse varios aspectos. Para ello manejamos algunos libros
que van desde 1647 hasta 1789.
| Necrópolis parroquial de Arriondas |
En
los protocolos notariales hay disposiciones testamentarias de todo
tipo, generalmente muy minuciosas en sus providencias, cláusulas y
condiciones. Haremos referencia a mortajas, ceremonial de los entierros y
sepulturas. En el primer caso hay especificaciones concisas para que
-llegada la hora de la muerte- se amortajase al interesado según su
dictado y convicciones. Algunos indican su deseo de ser amortajados con
el humilde hábito o sayal franciscano, el dominico y -los menos- el
benedictino; en el caso de las mujeres suele solicitarse también el
carmelitano. En algún caso sería por manifestar una austeridad al final
de sus días que, tal vez, no había llevado en vida. Consideraban estas
mortajas como un aval que les ayudase a salvar sus almas en aquellos
siglos de profunda religiosidad. Bien es cierto que la gran mayoría no
dispuso nada en cuanto a su amortajamiento o lo dejaron a libre
disposición de su familia. Los pobres eran habitualmente envueltos en
una sencilla sábana -si es que la tenían-, pues en el caso de Melchor
Pérez, de San Martín de Cuadroveña -año 1699- se lee: “…y como no
disponía de nada, un vezino cubriole con un lienzo suyo, hízolo en el
Nombre de Dios y de la sienpre gloriosa y santissima Birjen Maria
Conzepbida sin mancha de pecado orijinal, prottetora de ttodos los
pecadores”.
En
cuanto al entierro propiamente dicho solía seguirse la pragmática de
Felipe V según la cual no podían utilizarse telas ni colores
sobresalientes en seda, sino paños y galones negros o morados con el fin
de manifestar “el origen de mayor tristeza”. Los acompañamientos en los
entierros se establecían en varios niveles: sacerdotes, cofradías,
pobres y otros cercanos al difunto o a su familia. Según la clase social
a la que perteneciese el finado podían asistir a sus exequias entre
tres y doce sacerdotes. Además las cofradías solían tener un sacerdote o
religioso como director espiritual, el cual presidía la cofradía en el
entierro si el difunto había pertenecido a la misma. Este detalle de
asistencia de cofradías a las inhumaciones llegó hasta la década de los
años 60 del pasado siglo XX -como pudimos ver en Arriondas-, y eran las
encargadas de portar su estandarte distintivo, así como el féretro en
alguna ocasión. Todas estas manifestaciones exteriores entraron en
crisis y fueron desapareciendo; de alguna manera podría entenderse como
un regreso a la esencia racional de la religión, abandonando parte del
aparato exterior que la acompañaba. Asimismo era muy curioso el llamado
cortejo de pobres que acudía al entierro, una mezcla de ostentación por
parte de las familias con dinero -por el número de limosnas que había
que darles- con una especie de piedad por los más necesitados. Es como
si el pudiente fallecido necesitase las oraciones de aquellos pobres
-evangélicamente más cercanos a Dios-, y sus servicios se pagaban con
limosnas o alimentos, o ambas cosas.
Hay
que imaginarse que aquella era una vida sin prisas y que estos detalles
se cuidaban y preparaban minuciosamente. Tan sin prisas que consta cómo
el rey Fernando VI falleció el 10 de agosto de 1759 y la noticia no
llegó a Asturias hasta el 4 de septiembre, teniendo lugar sus exequias
en la catedral ovetense el 1 de octubre.
Algunas
familias -que no disponían de liquidez económica- se veían obligadas a
vender parte de su patrimonio para hacer frente a los gastos originados
por las exequias fúnebres de algún familiar. Según los protocolos
notariales era casi la mitad de la población la que se preocupaba de
dejar disposiciones para que se celebrasen misas por su alma, o dejaban
el encargo a sus albaceas o familiares.
En
el Sínodo Diocesano de Oviedo de 1769 se estipulaba el tipo de
funerales a celebrar que podían ser: menores, regulares y mayores; según
el número de curas, diáconos, responsos, sermones, o que fuese misa
rezada, cantada, etc.
En
nuestros días está comúnmente aceptada en las esquelas mortuorias la
expresión “después de haber recibido los Santos Sacramentos y la
Bendición Apostólica”, haciendo referencia a que éstos se le
administraron al fallecido antes de su óbito; bien es verdad que -como
no se especifica cuánto tiempo antes- no serán pocos los casos en los
que la última vez que recibieron dichos sacramentos puede haber ocurrido
el día de su boda, y hasta el de su primera comunión… No era ese el
caso en siglos pasados, donde si no había recibido sacramentos quedaba
anotado por el cura de su parroquia en el libro de defunciones. Así, en
1780, el cura párroco de Castiello -en nuestro Concejo de Parres- anotó:
“Felipe Villaverde de Diego vezino desta Parrochia no recivio los
Sanctos Sacramentos de la Penitencia ni Eucharistia, por haverlo hallado
muerto en los Montes de Sebares”.
| Cementerio de Arriondas. |
Duró
siglos la costumbre de que nobles, hidalgos y pudientes buscasen
sepultura dentro de los templos. El gran Jovellanos, en su testamento de
1795, dejó estipulado: “En cuanto a entierro, si durase la bárbara y
nociva costumbre de hacerle en las iglesias, vaya mi cuerpo a la
parroquia, pero quiero que, si es posible, se obtenga licencia del
ordinario y la justicia real para un enterramiento particular. Si se
consiguiere, cómprese el hórreo de don Cosme Sánchez, y se me ponga en
aquel sitio, contiguo al Instituto, después de bendito y cerrado”.
En Arriondas los primeros enterramientos de los que queda constancia
datan de 1686. El primitivo cementerio se amplió con varias donaciones,
entre las que se encuentra una curiosa que quedó anotada de esta forma:
“doña Vicenta Peláez, de Beloncio, con motivo de haber fallecido debajo
de un corredor de Cuadroveña su padre José Peláez que venía de llevar
una hija a un colegio de Santander, donó para ampliar el cementerio diez
mil reales”.
La actual necrópolis parraguesa se amplió al menos dos veces. La
primera en 1909 y, después, en 1955 -cuando tenía 1.300 m2- y se le
añadieron 3.859 m2 más del mejor terreno de los mansos parroquiales.
Pasados cincuenta y siete años no precisa de más ampliaciones en varios
lustros.
Francisco José Rozada Martínez
Cronista oficial de Parres
Publicado en La Nueva España el jueves 29 de noviembre (pg 15 edición del oriente)
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